El 6 de noviembre de 1985 es un día que llevo grabado en mi memoria. Recuerdo que estudiaba para un examen final en casa de una amiga, tenía 13 años, cuando llamó mi madre desesperada, quien por seguridad había salido del país, a decirme que me tenía que encerrar en mi casa, que no podía salir hasta nueva orden que las noticias en Estados Unidos mostraban como se guerrilleros se estaban tomando el Palacio de Justicia. Sentí miedo, pero lo más grave es que crecí con ese miedo.
El miedo es uno de los legados de la presencia prolongada de grupos armados ilegales en el territorio colombiano. Este temor ha construido hombres y mujeres para quienes la palabra “derechos” carece de significado. Se trata de individuos “no ciudadanos”. No ciudadanos porque no saben que tienen derecho a la vida. Son no ciudadanos porque desconocen el derecho que tienen a la libertad y a la dignidad. Ciudadanos no ciudadanos porque ni siquiera saben que tienen derecho a elegir y ser elegidos.
Señalaba en el debate pasado que la tradición en Colombia era de dos tipos los vínculos entre la ilegalidad y la política, y los procesos de paz edificados sobre el perdón amnésico. Pero reconocer la tradición no significa glorificarla.
En el proceso de paz con el M hubo cese al fuego, dialogo nacional, desmovilización, aplicación del indulto, reiteración del m de que deja de existir, en fin una serie de elementos y compromisos que desembocaron en la Asamblea Constituyente de 1991. Pero esa historia no se escribió con verdad, ni con justicia, ni mucho menos con reparación o si quiera reconocimiento de víctimas, y por eso esa historia no tiene reconciliación.
Y hoy, uno de los hechos mas violentos en la historia colombiana ha quedado reducido si acaso a una página en los libros de historia de Colombia que se enseñan en el bachillerato.
El éxito fue sonoro, pero solo en eses momento.
En el proceso de paz con los paramilitares hemos exigido desde el día cero la verdad, básicamente porque esta cumple con tres funciones elementales: desmantelamiento de los grupos ilegales, construcción de memoria colectiva, y porque es la primera forma de reparación y reconocimiento a las víctimas.
¿Pero cuál es la verdad que hoy conocemos?....... Mínima
¿Cuál es la verdad que los miembros del M han contado?....... Mínima.
Yo más recuerdo justificaciones y exclusiones de responsabilidad, que un relato de verdad que nos permita construir memoria colectiva
Por eso hoy tenemos muchas dudas aún
En Colombia, el olvido ha sustituido a la verdad. Y es esta verdad la que queremos saber.
Claramente es una muestra de no reconciliación de nuestra sociedad, de falta reconocimiento de las víctimas, de falta de perdón de sus victimarios, como lo han hecho:
Por eso la verdad y el perdón parte del M-19 nos ayudaría a promover la cultura de la legalidad, a frenar la canalización del mal. A reconocer que el perdón a las víctimas, para el reconocimiento de las victimas nunca es tarde.
Las víctimas del M, no son víctimas de segunda, también tiene derecho a saber la verdad, a que les pidan perdón, y a recordar.
Hay verdades incompletas, verdades que faltan, disculpas que no se han producido.
Comprenderá usted Senador Petro por mi trayectoria política que no tengo ningún interés en crear una cortina de humo frente al tema paramilitar, pero tengo todo toda la intensión de que Colombia sea una nación reconciliada y el M 19 siga siendo un protagonista fundamental de eso, pues nos debe la verdad y el perdón a la sociedad y especialmente a las víctimas.
Reparar a las víctimas, prevenir futuras violaciones, reconstruir el relato colectivo de lo sucedido o marcar una diferencia entre aquello que es admisible y aquello que ni siquiera durante la guerra estamos dispuestos a tolerar es lo que nos permite la reconciliación.
Esto no es una pelea entre izquierda y derecha, al menos yo no me siento parte de ella, porque ni izquierda ni derecha son dueñas de derechos, ni mucho menos están legitimados para ocultar la verdad.
Izquierda, centro y derecho cuando gobiernan tienen la obligación de garantizarle, al menos, los derechos fundamentales a los ciudadanos y uno de ellos es la verdad a las victimas y de recordar de la sociedad.